miércoles, 1 de octubre de 2014

TRISTES CORAZONES




Estaba seguro que ese sería un año escolar que sentaría precedentes en mi vida, partiendo del punto de que me enfrentaría al “temido proceso” de las Pruebas Nacionales”, pero no estaba en mis planes involucrarme en problemas sentimentales.

Generalmente, la “gente adulta” piensa que porque somos adolescentes no tenemos un corazoncito, capaz, igual que el de ellos, de latir, amar y sufrir por una chica. Pero no es así, nosotros también tenemos participación activa en las historias de amor y desamor que se tejen en el mundo.

Un simple “Hola” y un cruce de miradas fue motivo suficiente para estar más que convencido de que María era una joven especial. Los días fueron transcurriendo velozmente y el año escolar avanzaba sin darme chance de percatarme que me estaba involucrando demasiado con ella.

Una tarde recibí la llamada de Josefina, una compañera de clases, que me invitaba a pasar por su casa, donde se juntaría un grupo del colegio. Como ella vive al lado de mi primo Ariel, quien además es mi mejor amigo, pensé que si le cambiaba el panorama a mi mamá y en vez de pedir permiso para “cherchar con unos amigos”, le decía que quería ver a mi tía Teresa, se haría más fácil la salida. Y no me equivoqué, justo a las 3:00 PM., según lo acordado, mi padrastro Víctor, amable y servicial, y hasta un poco consentidor, me llevó con mucho gusto hasta Los Cacicazgos, donde vive mi primo.


Como Ariel también estaba invitado, pasamos juntos a la casa de Josefina, donde estaban, entre otros amigos, Enrique, Miguel, Deyanira, Luis, y por supuesto María.

Pasamos una tarde muy divertida, entre risas, cuentos e historias. Ese tiempo era justo lo que necesitaba para terminar de convencerme de que me gustaba María. Me preparé durante la noche para al siguiente día, en horas de recreo, confesarle a María que me agradaba estar con ella. Pero que sorpresa, ella al llegar al cole, se acercó y me dijo que quería hablar conmigo, así que pensé que debía dejar que sea ella quien hable primero.


Ansioso esperé la hora de recreo, nos juntamos en los bancos de la cafetería y ella con una linda sonrisa me dijo:


- “Chris, quiero confesarte algo”. Sentí que me llovía en el estómago


- “Como eres mi mejor amigo, y quiero que sepas que estoy enamorada de Mario”


Al escucharla, la lluvia de mi estómago se convirtió en una avalancha de nieve.


- ¡Que bien, es muy buen muchacho! Le dije casi con la voz entrecortada.


A Mario, María no le era indiferente, así que pronto iniciaron una relación.


Mario es uno de mis mejores amigos, así que jamás me atrevería a insinuar mis sentimientos hacia María, por lo que decidí mantenerme “detrás de la raya amarilla”, como en las filas de los bancos.


Unos meses después recibí un correo electrónico de María, que decía:


- I –A- I- L- W- M- B- F


Como no tenía idea del significado, le respondí preguntando ¿qué quieres decir?, y ella me contestó:


- “Debes descifrarlo partiendo del punto que B-F significa Best Friend”.


Ya sabía que era un código en inglés. Al día siguiente me envío otra pista:


- “W-M, significa With My”


En el cole, durante un receso, Rita, una amiga en común, comentó:


- “Yo creo que María está enamorada de Chris”, a tono de broma, claro.


Y enseguida complete mentalmente la frase “IAM IN LOVE WITH MY BEST FRIEND”, que significa: “Yo estoy enamorada de mi mejor amigo”.


No comenté nada y seguí actuando normal, recordando que Mario estaba primero. Ese día la profesora de sociales nos asignó un trabajo en grupo que me ayudaría a confirmar si mi sospecha era cierta. La “juntadera” se planificó para un viernes, pero esa semana mí mamá estaba de viaje con Víctor y mi hermanito Oliver y yo estábamos en casa de mi abuela, por lo que se me haría más difícil salir.


Por suerte mi abuela accedió a llevarme a casa de Rita, donde nos encontraríamos. Después de hacer el trabajo, empezamos a jugar y a “cherchar” y aproveché para preguntarle a María si mi sospecha sobre su “código secreto” era cierta, y me dijo que si, pero que estaba confundida con Mario y conmigo.


Aún no me podido enterar quien le contó a Mario, pero el resultado fue una acalorada discusión al día siguiente, antes del acto de banderas, la cual yo finalicé enérgicamente con una frase:

- “Si ella me elige a mi, tu no te puedes oponer”

Mario no dijo nada y se alejó de mí. Pero María también, al cabo de pocos días, ella ya estaba coqueteando con otro muchacho del cole que estaba en bachillerato.
Finalmente aprendí una lección: “No poner en riesgo una amistad por el coqueteo de una mujer”

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